Hablar de Don Fausto Redrován González, mi suegro, es hablar del maestro por antonomasia pues fue el apelativo que durante las .diferentes facetas de su vida, le fue propio. En efecto, fue un maestro por casi cuatro décadas allá en la provincia de El Oro, en el Campamento minero de Portovelo, en ese entonces, perteneciente al cantón Zaruma, por el que pasaron cientos y cientos de estudiantes que recordaran con cariño a su maestro de escuela, exigente, pero muy humano.
Y no solo fue el maestro que revolucionó la pedagogía rural, acercándola a la realidad social, sino que fue lo que hoy diríamos un experto en la relación de ayuda con los jóvenes que fueron sus discípulos. Pero también fue maestro en el hogar, con sus hijos y nietos que dan cuenta de su conocimiento, rectitud y sabiduría para saber dónde, cuando y cómo enseñar.
Pero ahora quiero hacer paso de su trayectoria como maestro y hablar del ser humano en la relación con sus hijas, hijos políticos, nietos/as y biznietos. Como olvidar sus detalles, cuando nacía un nuevo miembro de la familia. Cada novena del Niño Jesús, cada navidad en su casa que reunía al flotón de la familia, las palabras de sus brindis, sus picardías con las ocurrencias de su niñez, cuando enseñaba a los nietos " el sapo de las quebradas" y un sin fin de juegos y formas de comunicarse y molestar gestualmente a los niños para hacerlos reir.
Hoy, sin duda alguna, ha visto ya el rostro del Señor y está descansando después de un largo caminar por esta vida con casi 99 años que los cumplía el próximo mes de abril. Paz en su tumba Don Fausto querido y que sus enseñanzas para vivir y morir de manera humanizada, en su casa, acompañado de su familia con el amor y respeto de todos, sea el modelo que deja el maestro por antomasia.
.