lunes, 3 de enero de 2011
EL DERECHO A SER DIFERENTE
Los seres humanos somos complejos, polémicos, a veces contradictorios, únicos e irrepetibles como decía una destacada psicóloga, para individualizar a cada persona de la otra y también como nos alertaba un distinguido profesor Jorge Zalles, tenemos también una parte reptil (instintiva) que nos aflora en cualquier momento. Yo no soy la excepciòn y si bien me declaro una ciclista urbana, amante de la naturaleza que ha ido adquiriendo una conciencia más proactiva de conservación ambiental, -habida cuenta de que el ser humano es su principal depredador-, me reconozco además como una persona que está en contra del maltrato a las mascotas, (perros, gatos, conejos y demás animales caseros) pero sin embargo, me gustan las corridas de toros, me gustaron desde siempre, no lo podría explicar sobre todo la música, el ambiente de la plaza, su colorido, la diversidad de sus personajes desde el monosabio hasta el comisario, en fín no lo considero un espectáculo cualquiera, tampoco un deporte, porque no lo es, es una mezcla de arte, drama, comedia y otras vivencias que desnudan la fragilidad de la vida, de la gloria, del fracaso y la desolación, condimentos de la propia existencia humana, donde toro y torero se funden en un solo episodio, en el como expectador participas.
No voy a negar que cuando no hay oficio en el arte de la tauromaquia, no me deleito con el sufrimiento del toro, como en el circo romano, pero hay que convenir que el toro de lidia muere con honor en la arena y su crianza y cuidados son para eso, no para morir en un camal, quizás con más crueldad que en la plaza.
Considero que hay cuestiones muy profundas de nuestra idiosincracia que no han sido tomadas en cuenta en el anunciado referemdum y que también se estaría atentanto contra los derechos individuales y colectivos de los pueblos que están arraigados en sus costumbres, fiestas y otras manifestaciones culturales como las corridas de toros, que son parte fundamental de las fiestas de Quito, los toros de pueblo comunes a los fetejos de la serranía y las peleas de gallos, presentes tanto en las poblaciones de la sierra como de la costa.
Por otro lado, habría que analizar también la situaciòn econòmica y turística de esta tradición, que representa ingresos para varios estratos sociales de la población, me refiero a toreros de la tierra y demás personal de su cuadrilla, (banderilleros, picadores, colocados y otros) que esperan cada año recibir ingresos que le significan sobrevivir durante los 12 meses siguientes, amén de los negocios de comidas, hoteles, servicios en general que mueven la Feria Jesús del Gran Poder, a todo nivel, incluso de la economía informal. (los más pobres)
Una actitud tolerante como la propuesta por el Alcalde de Quito, que se declara anti-taurino, pero que sin embargo, respeta lo que son las tradiciones de la ciudad, lo que actualmente estudiosos del comportamiento humano, denominan la otredad, es decir, la educación para entender al otro y aceptarlo tal como es, porque nadie tiene el derecho de cambiarte, de homogenizarte, de igualarte y descaracterizarte. Por ventura somos como la naturaleza megadiversos, donde coexistimos distintas culturas, etnias, diferencias de género, orientación sexual, edad, condición social, `pensamiento ideológico, religioso y de toda índole para lo cual solo necesitamos trabajar para abrir nuestra mente.
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